Las pruebas en el accidente de tráfico

Los efectos sobre las personas y los bienes materiales producen los accidentes de tráfico pueden apreciarse con facilidad. Sin embargo, en ocasiones  no son conocidas las causas que los han producido, aspecto este de gran importancia por las implicaciones que tiene de carácter jurídico en la determinación de responsabilidades.

En la forma de ocurrir un accidente existen gran cantidad de incógnitas de difícil y en ocasiones imposible solución debido entre otras cosas al estado y reacciones de las personas implicadas y las diferentes versiones que en ocasiones se pueden obtener de un mismo suceso.

Desgraciadamente en muchas ocasiones no se dispone de las versiones de las partes implicadas, por fallecimiento o por no presentar declaración en el momento de la ocurrencia.

Para llegar a un resultado coherente, tanto el instructor de un atestado como el perito que acomete un estudio han de suponer que la manera de actuar de las personas implicadas es similar a la de cualquier otra persona no relacionada con el accidente y que por tanto sus reacciones son normales, partiendo de la premisa que el de que el hecho sucede circula con la circunstancia de que no se espera su ocurrencia.

Se dispone normalmente para el estudio de otra serie de datos no sujetos a variaciones de la voluntad humana como son: huellas que quedan en la calzada, las trayectorias de los vehículos antes del impacto y las seguidas después de la colisión, las deformaciones que presentan tras el impacto los vehículos, los restos de la pintura , la configuración del terreno y estado de las carreteras, así como otros. Datos que nos han de permitir formar una teoría con suficiente fiabilidad, como para deducir una forma de ocurrencia acorde con los datos que se disponen y para poder descartar una visión del hecho que no se ajuste a esos datos.

Se parte igualmente de la plena convicción de que el estudio técnico se realiza con posterioridad a la ocurrencia del hecho, no pudiendo ser de otra forma, al igual que sucede con la intervención de la autoridad que confecciona el informe que por lógica tampoco está presente en el momento de su ocurrencia aunque estén más próximos en el tiempo que el técnico que confecciona el estudio.

Creemos no obstante que el estudio ha de estar dirigido a aquellas personas que lo han de interpretar, aunque ello represente una excesiva abundancia de explicaciones que técnicamente podrían no ser necesarias, buscando la contestación a todos los interrogantes que puedan desprenderse del estudio no cayendo en el error de efectuar un informe para nosotros mismos e intentando lograr el objetivo pericial de descubrir la verdad.

 

Por ello pretendemos que el estudio sea real, como lo es el hecho estudiado, dando una explicación técnica a los razonamientos expuestos y a los movimientos lógicos, no pretendiendo acoplar la explicación a los cálculos que obtenemos, que de ser inexactos convertiríamos en lógicos con la explicación.

 

Tomamos por tanto el atestado como punto de partida y elemento veraz de información con los datos que cita de referencia sin que el resultado al que se llegue en el estudio suponga en ningún momento contradicción con lo indicado por el instructor, sino complemento del mismo para el esclarecimiento del hecho.

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